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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Dibujar Macondo

[...]Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se  presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos [...] “Las cosas, tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima.”
[...]
Para esa época, Melquíades había envejecido con una rapidez asombrosa. [...] Según él mismo le contó a José Arcadio Buendía mientras lo ayudaba a montar el laboratorio, la muerte lo seguía a todas partes,husmeándole los pantalones, pero sin decidirse a darle el zarpazo final.

[...] Cuando despertaron, ya con el sol alto, se quedaron pasmados de fascinación. Frente a ellos, rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana, estaba un enorme galeón español. […] En el interior, que los expedicionarios exploraron con un fervor sigiloso, no había nada más que un apretado bosque de flores.




("Cien años de soledad", Gabriel García Márquez; hace poco me tocó ilustrar esta parte, el gitano y su imán y el barco, para Ediciones Santillana)