Romance del enamorado y la Muerte
Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía.
Soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
−¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
−No soy el amor, amante.
Soy la Muerte, Dios me envía.
−¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
−Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle
en donde su amor vivía.−¡Ábreme la puerta, Blanca,
ábreme la puerta, niña!
−¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
−Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida.
La Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
−Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
−Vamos, el enamorado,
que la hora ya es cumplida.
ANÓNIMO
Romance de la luna luna
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya
, ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.
Federico García Lorca
Romance de la luna tucumana
Bajo el puñal del invierno
murió en los campos la tarde.
Con su tambor de desvelos
salió la luna a rezarle.
Rezos en la noche blanca
tañen las arpas del aire,
mientras le nacen violines
a los álamos del valle.
Zamba de la luna llena
baila la noche en las calles
con su pañuelo de esquinas
y su ademán de saudades.
Se emponchan de grises nieblas
los verdes cañaverales
y caminan los caminos
con su escolta de azahares.
La noche llena de arpegios,
la copa de los nogales;
el tamboril de la luna
cuelga su copla en el aire.
Zamba de la luna llena
baila la noche en las calles
con su pañuelo de esquinas
y su ademán de saudades
Mi corazón bate palmas
con las manos de mi sangre
mientras cansada, la luna,
se duerme sobre los valles...
Letra: Atahualpa Yupanqui
Música: Pedro Aznar
Ilustraciones que realicé en acuarela, hace poco, para Ediciones Santillana.


