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jueves, 24 de diciembre de 2015

Pequeña carta al mundo



Los dientes de una ballesta
me tienen clavado el vuelo.
Tengo el alma desgarrada
de tirar, pero no puedo
arrancarme estos cerrojos
que me atraviesan el pecho.
Ocho mil doscientas veces
la luna cruzó mi cielo;
otras tantas, la dorada
libertad cruzó mi sueño.
El sol me hace crecer flores,
para qué, si estéril veo
que entre los muros mi sangre
se me deshoja en silencio.
 
No sabéis lo que es un hombre
sangrando y roto en un cepo.
Si lo supieseis vendríais
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
con el corazón deshecho,
enarbolando los puños,
para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo,
de nieve a mis camaradas
entre sus cadenas muertos…
recoged nuestras banderas,
nuestro dolor, nuestro sueño,
los nombres que en las paredes
con dulce amor grabaremos.
Y si nos cerráis los ojos,
dejadnos los muros dentro,
que se pudran con el polvo
de nuestra carne y no puedan
ser nuevas tumbas de presos.
 
No sabéis lo que es un hombre
sangrando y roto en un cepo.
Si lo supieseis vendríais
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
con el corazón deshecho,
enarbolando los puños
para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo,
buscad en las soledades
del muro mi testamento:
al mundo le dejo todo
lo que tengo y lo que siento,
lo que he sido entre los míos,
lo que soy, lo que sostengo;
una bandera sin llanto,
un amor, algunos versos…
y en las piedras lacerantes
de este patio gris, desierto,
mi grito, como una estatua
terrible y roja en el centro.

Marcos Ana



lunes, 14 de diciembre de 2015

El Subvertiente


 
¿Por qué tocas mi pecho nuevamente?  Llegas, silenciosa, secreta, armada,  tal los guerreros a una ciudad dormida;  quemas mi lengua con tus labios, pulpo,  y despiertas los furores, los goces,  y esta angustia sin fin  que enciende lo que toca  y engendra en cada cosa  una avidez sombría.  El mundo cede y se desploma  como metal al fuego.  Entre mis ruinas me levanto,  solo, desnudo, despojado,  sobre la roca inmensa del silencio,  como un solitario combatiente  contra invisibles huestes.  Verdad abrasadora,  ¿a qué me empujas?  No quiero tu verdad,  tu insensata pregunta.  ¿A qué esta lucha estéril?  No es el hombre criatura capaz de contenerte,  avidez que sólo en la sed se sacia,  llama que todos los labios consume,  espíritu que no vive en ninguna forma  mas hace arder todas las formas  con un secreto fuego indestructible.  Pero insistes, lágrima escarnecida,  y alzas en mí tu imperio desolado.  Subes desde lo más hondo de mí,  desde el centro innombrable de mi ser,  ejército, marea.  Creces, tu sed me ahoga,  expulsando, tiránica,  aquello que no cede  a tu espada frenética.  Ya sólo tú me habitas,  tú, sin nombre, furiosa sustancia,  avidez subterránea, delirante.  Golpean mi pecho tus fantasmas,  despiertas a mi tacto,  hielas mi frente  y haces proféticos mis ojos.  Percibo el mundo y te toco,  sustancia intocable,  unidad de mi alma y de mi cuerpo,  y contemplo el combate que combato  y mis bodas de tierra.  Nublan mis ojos imágenes opuestas,  y a las mismas imágenes  otras, más profundas, las niegan,  ardiente balbuceo,  aguas que anega un agua más oculta y densa.  En su húmeda tiniebla vida y muerte,  quietud y movimiento, son lo mismo.  Insiste, vencedora,  porque tan sólo existo porque existes,  y mi boca y mi lengua se formaron  para decir tan sólo tu existencia  y tus secretas sílabas, palabra  impalpable y despótica,  sustancia de mi alma.  Eres tan sólo un sueño,  pero en ti sueña el mundo  y su mudez habla con tus palabras.  Rozo al tocar tu pecho  la eléctrica frontera de la vida,  la tiniebla de sangre  donde pacta la boca cruel y enamorada,  ávida aún de destruir lo que ama  y revivir lo que destruye,  con el mundo, impasible  y siempre idéntico a sí mismo,  porque no se detiene en ninguna forma  ni se demora sobre lo que engendra.  Llévame, solitaria,  llévame entre los sueños,  llévame, madre mía,  despiértame del todo,  hazme soñar tu sueño,  unta mis ojos con aceite,  para que al conocerte me conozca.
Octavio Paz, "La Poesía"


Ilustración de mi cuento "El Subvertiente".-


lunes, 7 de diciembre de 2015

San Agustín


¡Tarde te amé,
hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé!
Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera,
Y por fuera te buscaba;
Y deforme como era,
Me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.
Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo.
Me retenían lejos de ti aquellas cosas
Que, si no estuviesen en ti, no serían.
Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera:
Brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera;
Exhalaste tu perfume y respiré,
Y suspiro por ti;
Gusté de ti, y siento hambre y sed;
Me tocaste y me abrasé en tu paz.

San Agustín



martes, 1 de diciembre de 2015

El Aliado


Con la sombra de tu aliado (el aliado)
Luis Alberto Spinetta


Descripción: http://www.rock.com.ar/img/blanco.gif
Ah !, el dulzor del río te curará
las heridas de los sitios
ah !, durante el diluvio tu piel tendrá
el acero de los peces
ah !, luego en el desierto ves la verdad
y te sueñas con las manos
sólo con raíces te nutrirás
con la sombra de tu aliado
no ves que el mar irrumpe
el viento te habla la verdad
abre tu mente al mundo
al misterioso mundo
ah !, sólo somos pies para caminar
y tu espíritu ardiente
encuentra ya tu forma
de inmensa aurora boreal
recupera la sed en tu alma
para impulsar a este mágico
y misterioso mundo
ah !, sólo con harapos te vestirás
y sabrás de las estrellas