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domingo, 3 de septiembre de 2017

El 44


...A don Justiniano Lautaro, Dios le había concedido la gracia del olfato aún después de muerto.Solía acercarse al pueblo de vez en cuando por las noches, para oler las flores de contrabando en los jardines, ver la tele de reojo por alguna ventana entreabierta, o escuchar la radio. Sus hermanos aguardaban pacientemente en un claro del bosque, flotando sobre el rocío, al que amorosamente llamaban "alma del frío". Con cada madrugada, Justiniano Lautaro volvía para contar las noticias del mundo de los vivos, hablando con palabras de aire y silencio, porque es así como hablan los muertos. 

(Así empieza "El 44", un cuento de mi hermano Carlos Sandoval, cuento que está dedicado a Víctor Jara; y acá va un dibujo que no pude dejar de hacer, dedicado a todos los poetas que siguen cantando después de muertos.)