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viernes, 16 de septiembre de 2016

El señor de las aguas

El señor de las aguas - Javier Rago
Apareció flotando sobre la superficie espejada del lago. Parecía, en sí misma, una embarcación, pero cuando las aguas majestuosas y calmas la acercaron al valle donde me encontraba, la visión se adivinó claramente. Era un hombre ajustado a una balsa de madera, la que no se advertía debajo de su ocupante. El cuerpo parecía flotar sobre las aguas, perfectamente en reposo. Dejé lo que estaba haciendo (recogía leña junto a la orilla) y me apresuré a examinarlo. Supe que estaba muerto antes de acercarme. Tal vez porque en la muerte hay algo de ancestral que se percibe, algo que eleva o rebaja; que ennoblece o denigra; que empareja a los hombres con sus antepasados y con la paz de las estatuas…Nada interrumpió nunca mis actividades de aldeano y ahora lo hacía un muerto poblando la tarde de preguntas. Porque la silueta llegó con un enigma. Cuando lo vi de cerca creí que iba a descomponerme. Había sido golpeado con mucha crueldad. Tenía restos de sangre en zonas amoratadas que no tenían que ver con la tonalidad mortuoria sino con rastros de inequívoca violencia. La ropa de cortesano había sido desgarrada con brusquedad. El cabello, que en otras partes era abundante y grácil, había sido arrancado junto a una de las orejas, como si hubieran tironeado bestialmente de él, provocando una fractura del cuello, visiblemente maltrecho. Los dedos del brazo derecho estaban extendidos y níveos; parecían esculpidos pacientemente por un escultor perfeccionista y los de la otra mano estaban machacados, ennegrecidos y torcidos, más bien doblados con terquedad. Pero entonces reparé en algo que, inexplicablemente, había escapado a mi escrutinio. Su rostro… sonreía. Parecía iluminado como si robara el esplendor a todas las cosas, como si fuera una última morada donde anidara su alma antes de emprender el viaje final. En su rostro había plena desconexión con el resto del cuerpo y de sus múltiples padecimientos. Qué habría sido tan movilizador para que su vida, en su último y desgarrador forcejeo con la agonía, encontrara alivio antes de apagarse para siempre. Todo aquello ocurrió hace años. Le di sepultura al cadáver muy cerca de donde lo hallé o, mejor dicho, de donde me halló a mí, cuando su errante y pasiva incursión en mi vida y mis cosas. Pero yo no volví a conciliar el sueño. En esta vejez sin sorpresas ni aventuras, sólo lamento no haber podido desentrañar el misterio del señor de las aguas. Porque ahora que está por cerrarse el círculo de mi existencia sé que no he sufrido, pero tampoco he sonreído. No me aferré a nada. Y ese extraño que llego con sólo su silencio y con la cáscara mutilada, supo aferrarse a algo, a una felicidad tal vez, a un beso, a una mirada… a algo que lo hiciera trascender dejando atrás todo su calvario. Cuál era el secreto de aquel extraño. De dónde había venido. Nunca lo sabré. Pero sí sé que daría todo lo que tengo, toda mi paz, mi seguridad y mi anhelo de supervivencia, a cambio de la incomprensible razón de aquella sonrisa eterna.

domingo, 4 de septiembre de 2016

miércoles, 31 de agosto de 2016

Elegía del alfarero y La Muerte


Halîm , el alfarero, enfermo de una grave dolencia, perdonó la deuda de juego a su ocasional adversario llamado Farûq. Éste, en agradecimiento, le confesó que lo había elegido como contrincante por una razón. Poco antes de que jugaran la partida de tawla había escuchado una breve conversación entre el dueño de aquel antro de apuestas y La Muerte. Por esa conversación, Farûq pensó que Halîm moriría prontamente y especulaba con apropiarse de sus caudales.
La conversación que escuchó Farûq, oculto entre las sombras:
–¡No, por favor! –rogó el dueño el antro–. ¡No me lleves! ¡Todavía no he ganado lo suficiente!
–¿Y cuánto tiempo estimas que yo debería esperarte? –preguntó La Muerte entre divertida y burlona.
–¡Hasta el final de la noche!
–¿De qué te servirá lo que ganes si te llevo cuando lo acabes de ganar?
–Había pensado ofrendarte un donativo que pudiera extender mi tiempo aquí...
–Debiste pactar con el diablo cuando había tiempo. Yo no alargo ni retengo ni negocio un hilo de vida.
El dueño, aterrado,  abrió la boca pero sólo emergió un sonido gutural.
La Muerte dijo, ya menos afecta a la cortesía:
–No he venido por ti sino por un alfarero falto de fe que pretende ganar en una noche los dinares que no confía en cosechar haciendo buen uso de su noble oficio.
–¡Se llama Halîm! ¡Halîm! –proclamó el dueño como si lo estuviesen torturando para que hablara, apuntando su dedo como una lanza–. ¡Es aquel de túnica clara!
Tras el relato del arrepentido Farûq, Halîm se levantó de su asiento y miró en los largos y poblados corredores del antro. Encontró el rostro de La Muerte, que lo estaba mirando. Y huyó a la carrera.
Halîm se alejó de sus cosas, pero primero pasó por su choza y llevó consigo lo necesario para un exilio incierto. Pronto se corrió el rumor de que La Muerte lo perseguía y ya nadie le dio asilo en la aldea. De modo que enseguida se encontró desesperado y a la deriva.
En esas circunstancias, Halîm ideó un plan demencial. Habló con cada comerciante, vendedor y puestero, con cada persona apostada en la calleja principal y les dio detalles precisos de su ubicación. A todos les indicó una dirección diferente. Cuando La Muerte preguntó por su paradero, todos le respondieron cosas distintas. Ella lo buscó en cada lugar referido sin éxito.
Pero la idea de tener a La Muerte alentando en su nuca lo llenaba de espanto y de una creciente enajenación persecutoria. Así que Halîm de inmediato urdió otra estratagema. Por ello él se propuso acosarla: sería él quien la estaría siguiendo; repetiría sus pasos pisando sus huellas frescas pero no demasiado inmediatas, a una distancia prudente.
Para sorpresa de Halîm, La Muerte no tardó demasiado en abandonar la búsqueda. Así, el alfarero profesó un largo suspiro de alivio. Se sentía eufórico. Cada inhalación estaba bien ganada, porque él ya debería estar muerto. Disfrutaba de todo cuanto le deparaban sus sentidos; se sentía beduino, porque ya nada le pertenecía y lo había robado todo. Él, Halîm, ¡había vencido a La Muerte!
Pero poco duró su algarabía. Su padecimiento físico había remitido. Pero al pasar los días empezó otra vez a experimentar la sensación persecutoria. Miraba hacia todas partes y se sentía inseguro sin poder controlar la ubicación de su implacable perseguidora. La buscó con sigilo, primero, sin disimulo ni recato después. La llamó a gritos, queriéndola ver aparecer sin que Ella lo tomara por sorpresa, como siempre contaban las historias. Y cada día se volvió agónico, suplicante. Imploró por su aparición terminal. Nada...
Pasaron los años, Halîm lo había perdido todo. Estaba envejecido hasta lo indecible. Había perdido la salud y la esperanza por el futuro y había desperdiciado en vida la esencia de vivir. Y ahora ya esperaba a La Muerte con el anhelo del que no tiene más lugar para las sorpresas.
Y La Muerte llegó...
–Ahora –dijo Halîm con penoso esfuerzo y juntando el aire en sorbos–, cuando llevo bebiendo todos los relojes de arena, llegas... ¡tarde!
–No soy yo quien se ajusta a la hora –sentenció la que escolta a todos a cruzar la última puerta–. La hora la decide el paso que me detiene junto a ti.
–Eso no parece ser muy cierto –se jactó Halîm con visible y audaz altanería–... Hace años, cuando era joven, intentaste atraparme y burlé tus pasos.
La Muerte lo miró con súbita comprensión  y se compadeció de él.
–Hace años, cuando te buscaba, no me burlaste. Te vi detrás de mí evitando el encuentro y decidí postergarlo. Pero en aquel entonces yo no pensaba llevarte. Sólo iba a decirte que tu dolencia no revestía seriedad y que –para compensarte la angustia de creer que morirías– recién en tu vejez pasaría por ti.

Texto: Javier Rago
Dibujo: Fer Gris

martes, 23 de agosto de 2016

El buzón


El buzón
Ella estaba de rodillas junto al viejo buzón. Ella con la vergüenza y él con su pacífica indiferencia. Ella vio en el suelo, muy cerca de su ánimo, el fruto de sus años vacíos, de hueca adoración hacia sí misma: el templo a su ego. No le quedó nadie por dañar ni daño por hacer. Hasta del buzón se burló. Solía imaginarlo como un enano hechizado, condenado a su triste rol de intermediario de emociones ajenas y prensadas. Pero ahora lo necesitaba. Ahora tenía que hurgar dentro de él. Tarde descubrió que hasta ella podía amar a otro; tarde, cuando ya no podía torcer el destino del desengaño y el desconsuelo. El que amaba la ignoró sin un gesto, como a esas cosas que ni siquiera llegan a no importar. Y sintió en carne propia su siembra de humillación y desapego. Llovía en medio de la escena de su prosternación junto al buzón. Y la lluvia, lejos de limpiarla dejaba a la vista la mugre de su alma, las vísceras de su odio y su levedad. Tiempo atrás le había jurado a su amor no correspondido que podía cambiar y sólo le había pedido unas pocas palabras escritas por toda respuesta. Acababa de regresar después de unos días de reflexión. Por eso estaba allí. Con su vestido rojo, apelmazado y con su pelo alborotado por la torpeza o el rencor del viento. Pero aun en ese momento no pudo consigo misma. Hizo un movimiento de hombros y elevó el mentón con altanería. Esa oleada de vanidad decidió su suerte. Ella no tuvo coraje y el buzón no tuvo una carta.

Texto: Javier Rago
Dibujo: Fer Gris

lunes, 22 de agosto de 2016

Doña Soledad


Doña Soledad
Alfredo Zitarrosa
 
Mire doña soledad, póngase un poco a pensar
Doña soledad, cuántas personas habrá que la conozcan de verdad
Yo la ví en el almacén, peleando por un veintén
Doña soledad, y otros dicen haga el bien, háganlo sin mirar a quién.
Cuantos veintenes tendrá sin la generosidad
Doña soledad, con los que pueda comprar el pan y el vino nada más.
La carne y la sangre son de propiedad del patrón
Doña soledad, cuando cristo dijo no usted sabe bien lo que pasó.
Mire doña soledad, yo le converso de más
Doña soledad, y usted para conversar hubiera querido estudiar.
Cierto que quiso querer, pero no pudo poder
Doña soledad, porque antes de ser mujer ya tuvo que ir a trabajar.
Mire doña soledad, póngase un poco a pensar
Doña soledad, que es lo que quieren decir con eso de la libertad.
Usted se puede morir,eso es cuestión de salud
Pero no quiera saber lo que cuesta un ataud.
Doña soledad hay que trabajar, pero hay que pensar
No se vaya a morir, la van a enterrar doña soledad
Hay que trabajar, pero hay que pensar, doña soledad.

escuchar aquí

domingo, 21 de agosto de 2016

Y Mariana


Y Mariana – Silvio Rodríguez
Siempre hay quien quisiera ser distinto, 
nadie está conforme con lo que le tocó. 
El de edad quisiera ser un niño 
y el rapaz se raspa sus pelusas en flor. 
Los que tienen nada quieren algo, 
los que tienen algo quieren todavía más. 
Para pretender el mundo es largo, 
para conformarse se ha inventado el jamás. 

Un señor quisiera ser mujer 
y una chica quiere ser señor. 
Hasta Dios sueña que es un poder. 
Y Mariana quiere ser canción. 

La tolerancia es la pasión de los inquisidores. 
El buen ladrón quisiera no tener que robar. 
Le deben al silencio la voz los ruiseñores. 
La eternidad no es más que un truco 
para continuar. 

La libertad sólo es visible para quien la labra 
y en lo prohibido brilla astuta la tentación. 
Nacer a veces mata y ser feliz desgarra. 
¿A quién acusaremos cuando triunfe el amor? 

Un señor quisiera ser mujer 
y una chica quiere ser señor. 
Hasta Dios sueña que es un poder. 
Y Mariana quiere ser canción.

https://www.youtube.com/watch?v=vUVm7WCsbWM

sábado, 20 de agosto de 2016

Pedro canoero


Pedro canoero  - Teresa Parodi
Pedro canoero 
todo tu tiempo se ha ido 
sobre la vieja canoa 
lentamente se lo fue llevando el río. 

Pedro canoero 
ya no has vuelto por la costa 
te quedaste en la canoa 
como un duende sin edad y sin memoria. 

Pedro canoero te mecía el agua 
lejos de la costa cuando te dormías. 
Pedro canoero 
corazón de arcilla 
sobre la canoa se te fue la vida. 

Pedro canoero 
la esperanza se te iva 
sobre el agua amanecida 
tu esperanza Pedro al fin 
no tuvo orillas. 

Pedro canoero 
te mecia el agua 
lejos de la costa 
cuando te dormías. 
Pedro canoero 
corazón de arcilla 
sobre la canoa se te fue la vida.


https://www.youtube.com/watch?v=G7znLUw1yKM

viernes, 19 de agosto de 2016

La canción de Pablo


La Canción de Pablo - Daniel Viglietti

Compañera,
Vendrán a preguntar por mí;
Si yo he sido, dónde estoy,
Si usted sabe adónde fue su marido.
Usted levanta la vista,
Mira, calla, está pensando:
Pablo andará por la tierra,
Su bandera enarbolando,
Una bandera de trigo,
De pan y de vino,
Levantando.
Por el camino, a los hombres
Irá enseñando la libertad.

Compañera,
Buscándome vendrán aquí,
Mi retrato, una carta,
Algún signo para dar con mi rastro.
Usted recuerda mis manos, ya no piensa,
Está soñando:
Pablo se fue navegante
Por un mar de sangre joven
Con su rebelde destino,
Sin pan y sin vino
Andar luchando.
Su corazón guerrillero
Olvida en las calles la soledad.

Compañera,
Vendrán a preguntar otra vez,
Si me ha visto, si le escribo,
Si usted sabe adónde fue su marido.
Usted los mira a los ojos,
Con ternura va pensando:
Pablo es un hombre que sabe
Que la vida está cambiando,
Los compañeros lo llevan
Hacia el alba caminando.
Y si le ponen cadenas
Irán otros brazos por libertad.

Pablos hay muchos y andando
Por la tierra van cantando
Con sus banderas de trigo,
De pan y de vino, van luchando.
Pablos hay muchos y andando

Por la tierra van cantando.

https://www.youtube.com/watch?v=RLG2wfFYF1g

jueves, 18 de agosto de 2016

María de Buenos Aires


MARIA DE BUENOS AIRES - CUADRO 3B, YO SOY MARÍA
Letra de Horacio Ferrer
Musica de Astor Piazzolla
 
María (Cantado)
 
Yo soy María
de Buenos Aires
de Buenos Aires María, no ven quién soy yo?
María Tango, María del arrabal,
María noche, María pasión fatal,
María del amor de
Buenos Aires soy
yo!
 
Yo soy María
de Buenos Aires
si en este barrio la gente pregunta quién soy,
pronto muy bien lo sabrán
las hembras que
me envidiarán,
y cada macho a mis pies
como un ratón
en mi trampa ha de caer.
 
Yo soy María
de Buenos Aires
soy la más bruja cantando y amando también!
Si el bandoneón me provoca... tiará, tatá!
le muerdo fuerte la boca... tiará, tatá!
con diez espasmos en flor que yo tengo en mi ser.
 
Siempre me digo
dale María!
cuando un misterio me viene trepando la voz,
y canto un tango que jamás nadie cantó
y sueño un sueño que nadie jamás soñó:
porque el mañana es hoy
con el ayer después, che!
 
(Tarareo y orquesta)
 
Yo soy María
de Buenos Aires
de Buenos Aires María, yo soy mi ciudad!
María Tango, María del arrabal,
María noche, María pasión fatal,
María del amor de
Buenos Aires soy yo!
 

https://www.youtube.com/watch?v=UDdVkhZtkDI

miércoles, 17 de agosto de 2016

La Navidad de Luis


La Navidad de Luis - León Gieco
Toma Luis, mañana es Navidad
un pan dulce y un poco de vino
ya que no puedes comprar

Toma Luis. llévalo a tu casa
y podrás junto con tu padre
la Navidad festejar

Mañana no vengas a trabajar
que el pueblo estará de fiesta
y no habrá tristezas

Señora, gracias por lo que me da
pero yo no puedo esto llevar
porque mi vida no es de Navidad

Señora, cree que mi pobreza
llegará al final comiendo pan
el día de Navidad

Mi padre me dará algo mejor
me dirá que Jesús es como yo
y entonces así podré seguir viviendo. 


lunes, 15 de agosto de 2016

Laura va


Laura va – Luis Alberto Spinetta
Laura va,
lentamente guarda en su valija gris
el final de toda una vida de penas.
Laura va,
unos pasos la alejan del pueblo aquel,
donde ayer jugaba al salir de la escuela.
Laura, pobre tu dolor
se cayó de una oración.
Por eso te vas con él.
Por eso te vas
y hay algo de bueno en tus ojos
sin querer.
Laura ve,
los años le han dado la resignación
y el dolor.
Se fue con sus pocas tibiezas.
Laura ve,
aunque es grande su vida comienza aquí
y a la vez termina la sed de su espera.
La valija pesa y él la ayuda a entrar en el tren.
La cubre de besos
y el sol también.
 https://www.youtube.com/watch?v=mNZopvJiP-Y

domingo, 14 de agosto de 2016

El Rengo Zamora



El rengo Zamora -  Jorge Lazaroff
Ginebras arriba por la calle sola
Barriendo barría el rengo Zamora
Su sombra barbuda rengueaba la escoba
Pinchuda y torcida como cualquier otra
Riendo va riendo su alma cantora
Barriendo los vientos, las tardes, las horas

A veces el rengo se iba callado
Por los arrabales prostibularios
Entonces le hacía el amor a la escoba
René, que robaba su humilde memoria
Para deshojar un millón de recuerdos
De escobas perdidas y escobillones muertos
Barriendo los barros de barrios y puertos
La mugre de miles de rengos barriendo

El rengo Zamora
Volando volaba montado en su escoba
Hasta las canteras y cantinas de Zamora
Y se zambullía y nadaba en el vino
Con la pata buena haciendo remolinos
Le ataba a la escoba un anzuelo y un hilo
Y allí, de rodillas, temblaba
Picando, pescando pa’ cuando pensaba
Escoba de sueños silbaba la caña

https://www.youtube.com/watch?v=c-JcWpF5V_w


viernes, 5 de agosto de 2016

La horca





La horca
Despertó sobresaltado. El sudor le camuflaba la piel, el corazón le masticaba el pecho. Acababa de soñar con la horca. Y las imágenes de ese sueño se colaban en su realidad a dentelladas, devolviéndole la sensación de agonía que acababa de sentir, vívida, atroz... De a poco, el alivio venció el horror, disolviéndolo como una bruma. Fue la voz, la que terminó de despejar su mente mientras un estruendoso entrechocar de llaves cosquilleaba el cerrojo de una gruesa puerta de barrotes.

–Es la hora, levántate. La soga espera ser tensada.

Texto: Javier Rago

domingo, 24 de julio de 2016

La puerta

Golpeó la puerta. Pero ésta pareció sorda a sus reclamos. Forcejeó con ella, la hizo sacudir en la cavidad de sus postigos. La maltrató a puntapiés. Exhausto, se dobló apoyando las manos en sus rodillas y le dijo a quien debía estar del otro lado de la pared:
–No te inquietes. Ya veré cómo sacarte de allí.
–No me inquieto. Además yo tengo la llave. Y no te dejaré salir.


Texto: Javier Rago  


lunes, 30 de mayo de 2016

Los Hermanos






Los Hermanos



Yo tengo tantos hermanos
Que no los puedo contar
En el valle, la montaña
En la pampa y en el mar

Cada cual con sus trabajos
Con sus sueños, cada cual
Con la esperanza adelante
Con los recuerdos detrás

Yo tengo tantos hermanos
Que no los puedo contar

Gente de mano caliente
Por eso de la amistad
Con uno lloro, pa llorarlo
Con un rezo pa rezar

Con un horizonte abierto
Que siempre está más allá
Y esa fuerza pa buscarlo
Con tesón y voluntad

Cuando parece más cerca
Es cuando se aleja más
Yo tengo tantos hermanos
Que no los puedo contar

Y así seguimos andando
Curtidos de soledad
Nos perdemos por el mundo
Nos volvemos a encontrar

Y así nos reconocemos
Por el lejano mirar
Por la copla que mordemos
Semilla de inmensidad

Y así, seguimos andando
Curtidos de soledad
Y en nosotros nuestros muertos
Pa que nadie quede atrás

Yo tengo tantos hermanos
Que no los puedo contar
Y una novia muy hermosa
Que se llama ¡libertad!

Letra: Atahualpa Yupanqui 
Dibujo: Fer Gris